JUICIO MOLINOS RÍO DE LA PLATA “Tenemos solamente a un acusado en el banquillo, pero sabemos que hay más civiles responsables de las desapariciones de nuestros compañeros”

Ante el Tribunal Oral Federal 2 de La Plata, el pasado 10 de septiembre comenzó el juicio por crímenes de lesa humanidad en la causa Molinos Río de La Plata contra Emilio Parodi, quien fue jefe de personal de la planta de Avellaneda desde octubre de 1975 hasta 1979, por el secuestro de tres trabajadores de la empresa. “Él fue quien daba las listas de los compañeros militantes que trabajaban en ese entonces en la planta”, señaló Ezequiel Roldán, el secretario general del Sindicato de Aceiteros de CABA y Gran Buenos Aires y secretario gremial de la Federación Aceitera.
ANDAR en La Plata
(Christian Madia para Agencia Andar) El Gremio de Aceiteros es uno de los querellantes en la causa Molinos Río de La Plata, pero el derrotero para llegar a este juicio se remonta a 2013. “Una de las primeras personas que comenzó con esto hace 13 años fue Ceferino Mataboni (hijo de Rubén Mataboni, a quien apodaban “el verdura”, era delegado gremial de Molinos Río de la Plata y fue secuestrado el 3 de diciembre de 1976). Ceferino se presentó en el sindicato a pedir toda la documentación que teníamos de aquellos años. Más tarde, una vez que nosotros pudimos sacar a la burocracia sindical, contactamos a Ceferino y construimos una linda relación. Le entregamos todo lo que teníamos a disposición, tanto en el propio sindicato como en la federación. A partir de ahí, en 2013, arranca la causa judicial. Y en 2015, nosotros nos presentarnos como querellantes”.
La empresa Molinos Río de La Plata pertenecía por entonces al grupo Ernest Bunge & Jorge Born, y fue en la planta ubicada en la localidad de Avellaneda donde se produjeron los secuestros y desapariciones de trabajadores. Hoy, tres de esos casos forman parte de la causa: Francisco Fernández, quien era mecánico y había ingresado a trabajar a Molinos en 1973, fue secuestrado cuando fue a buscar su tarjeta de ingreso a la oficina de vigilancia. Iba dispuesto a iniciar su turno y, cuando estaba por marcar tarjeta, se lo llevaron unos hombres vestidos de traje. El segundo caso es el de Santos Ojeda: que pertenecía a la sección “expedición”. Se lo llevaron a la salida de la fábrica después de su jornada laboral, a las 5 de la mañana. Los testimonios indicaron que fue detenido por integrantes de Coordinación Federal. Gregoria Figueredo de Segovia, tía de Ojeda, denunció ante la CONADEP que supo por un compañero de trabajo de su sobrino que los hombres que lo secuestraron se habían presentado ante el Jefe de Personal de la planta (Emilio Parodi) y le habían pedido que identificara a Ojeda. El tercer caso es Roberto José Rivolta Bonino: trabajaba en la fábrica desde 1974 y pertenecía al sector administrativo. Lo secuestraron a las ocho de la mañana, cuando llegó para comenzar su jornada laboral. Todos estos casos ocurrieron el miércoles 7 de julio de 1976.
“Nosotros sabemos que Emilio Parodi, que era el gerente general de Bunge & Born y Jefe de Recursos Humanos de Molinos Río de la Plata, fue cómplice de estos secuestros. Él fue quien daba las listas de los compañeros militantes que trabajaban en ese entonces en la planta”, afirma Roldán.
Pero Molinos Río de La Plata tuvo más trabajadores desaparecidos, un total de 26: Francisco Fernández, Rubén Mataboni, Eduardo Rosen, Roberto Rivolta, Héctor Vidal y su esposa María Inés Ávila, Humberto Dippólito, Juan Carlos Pasquarrosa, José Jacinto Pasquarrosa, Héctor Dadin Vasere, Avelino Freitas, José Luis Salazar, Carlos Robles, Alfredo Patiño, Carlos de Jesús Espíndola, Santos Ojeda, Ricardo Avelino Almaraz y su esposa Celia Arzamendia, Graciela Vitale, Juan Omar Durante, José Vega, Marcos Augusto Vázquez, Jorge Luis Gurrea, René Albornoz, su esposa Elba Noemí Musaschio y Paula Noemí Albornoz Musaschio, hija de ambos, quien fuera apropiada cuando tenía seis meses de edad, luego de la desaparición de sus padres.
Roldán comenta la importancia del avance de la causa y lograr la condena de los responsables empresariales: “lo fundamental es que hayamos llegado a esta instancia de juicio, es algo histórico para nosotros, que se enjuicie a civiles que fueron parte de la dictadura cívico-militar. Vale aclarar que no vamos a quedarnos únicamente con esto, también exigimos saber dónde están los demás cómplices, porque no fue sólo Parodi. Y al mismo tiempo, aunque hoy la causa sea por tres compañeros, también vamos a pedir justicia por todos los desaparecidos de Molinos”.
La labor sobre derechos humanos que viene llevando adelante el Sindicato Aceitero no es nueva. Han logrado que los propios trabajadores de base sean quienes lideren el gremio y puedan decidir su propio futuro. “Estamos participando en distintas organizaciones de derechos humanos, colaborando en todo lo que podemos, porque al mismo tiempo tenemos que ocuparnos de otras cuestiones que nos suceden a diario en este contexto de desindustrialización, por ejemplo el cierre de diferentes fábricas”, señala Roldán y continúa: “a nosotros nos parece fundamental darle la entrada al sindicato y a la federación a todos los hijos e hijas de nuestros compañeros desaparecidos. Estamos comprometidos con la lucha de los 30.000, porque esa misma lucha continúa y es de todo los días, no sólo de los años ’70”.
Actualmente, desde la Federación y el Sindicato, están realizando un documental referido a crímenes de lesa humanidad en Molinos Río de La Plata. “Para el armado del documental estamos recabando testimonios, hablando con los hijos y los demás familiares. Ese trabajo lo hacemos para que nada quede en el pasado, sino que lo tengamos presente en el hoy, porque esa es nuestra lucha cotidiana”, agrega el secretario general.
Para el sindicato aceitero es primordial su rol en las causas por crímenes de lesa humanidad, tal como remarca Roldán: “en esta causa sólo hay cinco o seis organizaciones sindicales como querellantes, por eso desde nuestro sindicato alentamos y convocamos que los gremios y organizaciones que saben que tuvieron compañeros desaparecidos de sus actividades laborales, hagan lo mismo: se presenten como querellantes en cada una de las causas. Más allá de la lucha de las Madres, las Abuelas y los Hijos, es importantísimo que las organizaciones también se pongan a disposición de los familiares de los compañeros y compañeras que fueron secuestrados”.
Si bien los actuales trabajadores de Molinos están expectantes y ansiosos respecto a lo que acontece en el juicio contra Parodi, también ven con cierta preocupación la dilación del proceso, ya que hay una larga espera entre cada audiencia y el tribunal no accede a que las mismas sean presenciales, sino en forma virtual.
“Esperamos que la justicia se mueva con la responsabilidad que esto significa para que no pase nunca más. Igualmente es importante lo que está ocurriendo, porque en el marco de este modelo neoliberal, con un gobierno nacional fascista, no deja de ser una alegría enorme para los compañeros haber llegado a esta instancia”, reconoce Roldán.
Luego de 50 años de aquellos secuestros, llega el momento de la justicia. “Quisiéramos otro tipo de justicia, pero, aunque tardía, sigue siendo justicia, porque es una forma de reivindicar la memoria de los compañeros, de no olvidarse lo que pasó en la historia obrera de nuestro país. También sabemos que es una forma de alivio para los familiares. Creo que va a ser una caricia al alma de todos los compañeros y compañeras que vienen luchando hace tiempo”, agrega Ezequiel Roldán y finalmente remarca: “por más que hoy tengamos solamente a Emilio Parodi sentado en el banquillo de los acusados, seguiremos buscando la verdad y la justicia para nuestros compañeros, porque sabemos que hay más civiles responsables de sus desapariciones y vamos a ir a buscarlos”.

















