ENTREVISTA “Es ingenuo creer que lo penal resuelve algo”

Víctimas por la Paz es una asociación de personas que sufrieron delitos y entendieron que el camino que propone el sistema penal sólo los devolvía al dolor. Se encontraron y buscan trabajar para que la justicia pueda dar una respuesta más allá del vacío que queda cuando se logra una condena que nunca alcanza. Recientemente firmaron un convenio con la Comisión Provincial por la Memoria, un organismo con una vasta experiencia de trabajo en cárceles y con más víctimas de ése sistema punitivo. Una charla con Diana Márquez, una de las referentes de Víctimas por la Paz.
ANDAR en el país
(Agencia Andar) Diana Márquez es abogada y mediadora y preside la Asociación Víctimas por la Paz, un colectivo de personas que han padecido delitos graves pero se encontraron trabajando para transformar algo de esa realidad que los puso en el lugar de víctimas, transformar incluso lo establecido como búsqueda de justicia para encontrar una forma que finalmente reconstruya algo de ese lazo social que se rompió.
“Nos dimos cuenta que necesitábamos atravesar este estar catalogados como víctimas de otra manera: siendo protagonistas y uniéndonos porque teníamos algo para decir. Y en principio es que siendo víctimas nos dimos cuenta de lo que no funciona, entonces necesitamos decir no al punitivismo, no al endurecimiento de penas, no a la baja de edad de punibilidad, porque así vivimos y no está funcionando”, define Diana.
Víctimas por la Paz ya lleva 10 años de trayectoria en todo el país y en Uruguay pensando la justicia desde lo restaurativo “Nos olvidamos que el derecho penal es la última opción y aparece siempre como la primera, y lo demás es desechado como por naif, y desde Víctimas por la Paz no somos nada ingenuos. Lo ingenuo es creer que lo penal resuelve algo”, asegura Diana.
Como organización se corren del lugar donde el sistema los pone para abrir un signo de pregunta: “Hay que pensar si lo que hace la justicia tradicional es reparador. No hablamos del punto de vista de la impunidad. Pero sí de la evidencia de que hay recrudecimientos que no tiene ningún sentido, más que el mediático o utilitario de las redes. Sí hay un sentido real en cambiar rumbos.”, señala la abogada. Por eso es necesario el salto desde el dolor hacia otro lugar donde el protagonismo lo da la acción. Diana siente que tras un crimen hay un primer momento de shock, de bronca y que es eso lo que se expone en el debate público. “Eso a las víctimas nos agarra un poco a traición en un primer momento, y cuando uno pudo reflexionar ya no resulta tan interesante”.
Frente a un sistema cada vez más punitivo se pierde la posibilidad de intervenir en esa realidad dolorosa para buscar reparación. “Es muy poco lo que podes hacer, lo único que podes discutir es el cuánto de la pena. Y ahí quedas solo con tu dolor, no hay más”. Frente a la soledad, queda encontrarse. “Estar institucionalizados nos ha permitido atravesar los tiempos, las propuestas, acompañar políticas. No vamos a ir a hablar sobre el caso personal para una política pública, por ahí nos parece que es, no buscamos que una ley lleve nuestro nombre, porque siempre va a haber nuevos casos. Esto estar abierto a la transformación de uno mismo, a no seguir teniendo un discurso vacío, y nos ha permitido ver que las acciones que hacemos tienen un fruto. Y en distintas siembras. Hemos apoyado distintas políticas en distintas provincias, hemos sido propositivos como en los comités de resolución de conflictos en cárceles”.
Ingresar a una cárcel, “al lugar menos pensado” –dice Diana- también fue un proceso de animarse a cambiar una perspectiva “salir del yo, salir de esto de ser el centro de la escena. Cuando uno atraviesa los muros se encuentra con el concepto de víctima es más grande de lo que uno pensaba”, resume. En esa línea de trabajo comenzaron a acercarse a las cárceles y recientemente firmaron un convenio marco con la Comisión Provincial por la Memoria, el organismo que funciona como Mecanismo Local de prevención de la Tortura en la Provincia con monitoreos constantes a espacios de encierro. Diana define este nuevo vínculo como “un honor”. “Hay muchos temas que nos aúnan y trabajamos con un material que es el más complejo para el trabajo pero es el que más hay que cuidar, el dolor. Trabajar con el dolor siempre implica dobles exigencias, y eso a veces se pierde de vista”.
Animarse a hacerse otras preguntas, a salir de la comodidad de los caminos transitados es la forma que encontrar de luchar por un mundo más justo. “Esto habla de un proceso, de uno virtuoso. A partir de ahí se acciona, se piensa en las víctimas y se piensa en la responsabilización y en la recomposición de los vínculos porque tenemos que tender a una convivencia, lo contrario a inseguridad no es seguridad, más allá de que querría saber qué significa esa palaba, si más cárceles, más cámaras, más policía… lo contrario en realidad es la construcción de una convivencia con los pares más improbables, las personas presas, las marginadas”, define.

















