COMISARÍA DE DOMSELAAR Juicio por torturas: tres víctimas narraron el sometimiento total y la violencia ilimitada

A instancias del Tribunal Oral Criminal 1 de La Plata y bajo la modalidad de juicio por jurados, este martes se realizó la primera jornada de producción de prueba luego de que las partes brindaran sus alegatos de apertura y que la jueza técnica, Cecilia Sanucci, expusiera las instrucciones preliminares a los 18 jurados populares -12 titulares y 6 suplentes-. En su carácter de Mecanismo Local de Prevención de la Tortura, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), participa como Particular Damnificado Institucional (PDI) y patrocina a dos de las víctimas. Se ventilan ocho hechos ocurridos entre agosto de 2015 y marzo de 2016 -cuando se produjo la inspección de la CPM y de la que surgió la denuncia penal- y la responsabilidad de siete funcionarios de la Policía Bonaerense por los delitos de sometimiento a torturas, severidades, vejaciones agravadas por violencia, amenazas, apremios ilegales agravados, abuso sexual agravado y hurto agravado.
ANDAR en la justicia
(Agencia) “Cuando me ingresan a esa subcomisaría de Domselaar, en agosto de 2015, hacía mucho frío y recuerdo que las paredes chorreaban agua por la humedad, los colchones estaban todos mojados y apenas entraba una rendija de luz natural desde lo alto de una de las paredes del calabozo en el que estaba alojada. Dependíamos de la voluntad de los policías hasta para tomar agua, nos robaban las pertenencias y comida que nos traía la familia, y vivíamos la mayor parte del tiempo junto a una letrina que desbordaba de materia fecal”, comenzó narrando Daniela Gallo, la primera testigo de este juicio por torturas y otros graves delitos que ocurrieron hace 11 años y que recién ahora serán examinados por la justicia.
La descripción de Daniela funcionó como una base material sobre la que, tanto ella como las siguientes testigos víctimas, fueron incorporando acciones violentas, degradantes y humillantes y algunos episodios de extrema brutalidad cuyas marcas las persiguen hasta hoy: “Me arruinaron la vida…”; “todo esto alteró mi vida y la de mi hija…”; “no les importó mi vida…”, fueron algunas de las frases con las que las testigos redondearon sus testimonios.
La primera audiencia de producción de prueba comenzó antes del mediodía de este martes 14, luego de que la jueza técnica en este juicio por jurados, Cecilia Sanucci, impartiera las instrucciones a los representantes del pueblo que deberán emitir un veredicto el próximo viernes a última hora, tal como prevé el cronograma del debate.
Entre las indicaciones, la magistrada hizo hincapié en un pedido de la CPM respecto a la necesidad de aplicar a estos casos la perspectiva de género, evitando llegar a decisiones basadas en estereotipos estigmatizantes así como en ideas que no consideren la asimetría de poder entre varones y mujeres no solo en la sociedad sino especialmente en instituciones de encierro como es el caso de una dependencia policial.
Mientras intentaba contener el llanto constante, Daniela Gallo recordó aquél 31 de diciembre de 2025, cuando hacía tanto calor en el calabozo que ella y sus compañeras se tiraron en el piso buscando algo de alivio. En un momento, el policía Rodolfo Morales, “un viejo asqueroso y borracho”, empezó a patear las rejas de nuestro calabozo y a gritarnos ‘putas’ y otros insultos. Esa noche cumplía el rol de imaginaria.
Por su parte, Lucas Vizgarra apareció después de medianoche con tres botellas de sidra para que tomaran las mujeres detenidas, y por supuesto que ninguna de ellas accedió a abrir una botella. “Vizgarra y otros policías varones nos miraban y hablaban entre ellos: ‘Mirá el culo de esta… mirá las tetas de aquella…’. En ocasiones decían frases amenazantes como que nos iban a meter un tiro en el culo. Fue una noche en la que ninguna pudo dormir. Y a la mañana siguiente, cuando llegó el jefe Juan Fernández, le informamos todo lo que había pasado, pero él nos contestó con naturalidad que todo había sido por la celebración de Año nuevo”.
Este tipo de episodios de total sometimiento al arbitrio de los policías nunca pudo ser contado ni siquiera a los familiares de las víctimas, porque los escasos minutos en los que podían ingresar las visitas eran sin contacto y con un agente a medio metro de distancia, todos parados junto a las rejas del calabozo. Las cartas a mano, por su parte, primero eran sometidas a una revisión policial y, de acuerdo al contenido, llegaban o no a los familiares de las detenidas. “No había forma de denunciar nada”, agregó Gallo ante los jurados.
Tanto ella como las otras dos testigos víctimas que declararon este martes, Lorena López y Natalia Sánchez, coincidieron en que la brutalidad más inexplicable que debieron presenciar en la dependencia policial ocurrió cuando ingresaron a un hombre de nacionalidad paraguaya de nombre R. La violencia fue tan extrema y con tanta saña que el hombre quedó al borde de la muerte y generó un ataque de nervios en todas las mujeres que escuchaban los desgarradores gritos de la víctima provenientes de la cocina.
En efecto, de acuerdo al relato de las testigos, el jefe Juan Fernández fue quien comenzó a golpear al que acababan de ingresar y se fueron sumando todos los demás que, en ese momento, estaban en la dependencia policial. Luego le realizaron pasaje de corriente eléctrica por todo el cuerpo, dejando múltiples heridas de quemadura y, según lo que dos mujeres llegaron a inferir, uno de los policías abusó sexualmente del hombre que apenas podía mantenerse en pie.
“Y no se frenaban con nada, sino que seguían golpeándolo entre todos, mientras una de las agentes, Cecilia Ballerini, aplaudía desde lejos”, puntualizó Daniela Gallo. La víctima tuvo que arrastrarse hasta el calabozo de las mujeres al mismo tiempo que recibía patadas; al llegar, le pusieron ropa interior de mujer y le introdujeron un cigarrillo encendido en el ano, para terminar la infinita sesión de torturas recibiendo agua hirviendo en su cuerpo.
La testigo Natalia Sanchez relató a los jurados que, cuando lo dejaron tirado en el piso, intentó asistir al joven paraguayo pero que apenas pudo balbucear su nombre mientras todo su cuerpo se retorcía de dolor y de espasmos por el pasaje de corriente eléctrica. Apenas pudo sorber un trago de agua que ella le sostuvo.
La tercera testigo de la jornada fue Lorena López, que tenía 19 años al momento de los hechos supo en el encierro que estaba embarazada. Contra ella ejerció especial violencia y ensañamiento la agente Emilce Ponce, una de las imputadas en este juicio, que aprovechaba cualquier circunstancia para golpearla, castigarla y humillarla.
Una de esas prácticas consistía en hacerla parar de frente a una pared del patio de la subcomisaría con las palmas de las manos apoyadas en lo alto y sus piernas bien abiertas, debiendo permanecer en esa posición durante horas hasta que a Ponce se le ocurría levantar la sanción. Y el resto de detenidas debían vigilar el cumplimiento de la prueba de forma ininterrumpida, bajo amenaza de tener que acompañarla en el mismo padecimiento. Y en una ocasión, Ponce golpeó incansablemente a Lorena mientras la joven debía limpiar la letrina llena de materia fecal con una tapita de botella de gaseosa.
Cabe destacar que en sus alegatos de apertura la CPM afirmó ante los jurados que las víctimas de Domselaar, desde que ingresaron a esa dependencia policial, ingresaron a un sitio del terror donde sistemáticamente se aplicaban amenazas, violencias, tratos denigrantes y crueles, constitutivos del delito de torturas.
“Tratamos aquí de graves violaciones a los derechos humanos en contexto de encierro y de extrema vulnerabilidad de las víctimas, por lo que les pedimos que presten especial atención a sus relatos de lo vivido así como a los testimonios de los psicólogos y psiquiatras que vendrán a exponer el impacto del daño sufrido”, enfatizó.
La próxima jornada del juicio comenzará este martes desde las 9, con más declaraciones de testigos.

















