“Durante años no se nombró a estos compañeros y hoy los estamos trayendo de vuelta con la señalización del canal San Fernando”

En un acto público el próximo 30 de mayo se señalizará el canal San Fernando, en el lugar donde en 1976 fueron hallados ocho tambores con restos humanos que luego serían enterrados como NN en el cementerio municipal, entre ellos el hijo del poeta Juan Gelman. La señalización recoge el trabajo que viene realizando desde hace años la Comisión por la memoria, verdad y justicia zona norte para reponer en la comunidad las memorias locales vinculadas a la última dictadura militar.
ANDAR en San Fernando
(Christian Madia para Agencia Andar) En ese lugar, el 13 de octubre de 1976, a pocos meses del comienzo de la genocida dictadura y a partir de la denuncia de Juan Castilla, un prefecto del lugar, se hallaron ocho tambores rellenos de cemento con restos humanos que intentaron ocultar en vano en esa primera instancia, pero la dictadura insistió con su cometido y los trasladaron al cementerio de San Fernando para enterrarlos como NN. Recién en 1989, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró identificar a seis de ellos: Marcelo Gelman –hijo del poeta y escritor–, Ana María Pérez, Ricardo Gayá, Gustavo Gayá, Dardo Zelarayán y Mercedes Verón. El EAAF también exhumó el cuerpo de una séptima persona que aún no fue identificada. Se trata de víctimas del Plan Cóndor que habían estado en cautiverio en el centro clandestino de detención automotores Orletti.
ANDAR conversó con Román Giménez, integrante de la Comisión por la memoria, verdad y justicia zona norte, acerca de la próxima actividad y cómo sucedieron aquellos hechos: “A partir de ese 13 de octubre de 1976 comienza una cadena de sucesos: luego de que el prefecto denuncia el hallazgo, va una comitiva integrada con un grupo de hombres ranas para buscar los tambores. Al encontrarlos, se dan cuenta que son extremadamente pesados, entonces piden colaboración a los bomberos. Con una grúa terminan sacando los tambores a flote, los cuales ya se sospechaba que contenían restos humanos debido al olor fétido que emanaban”, cuenta Román. La noticia aparece únicamente en un periódico local, pero sin mayor trascendencia. Son casos totalmente censurados por la propia dictadura.
En 1989 con la constitución del Equipo Argentino de Antropología Forense, a partir del testimonio de prefecto Castilla, y a sabiendas de que los restos fueron trasladados al cementerio local, se intenta reconstruir los acontecimientos. Así, se exige la exhumación y al poco tiempo se da a conocer la identificación de seis de los siete cuerpos hallados. “Éste fue el puntapié inicial, porque en 2012 se vuelven a encontrar otros cuatro tambores en terrenos baldíos conocido como La Tosquera en San Fernando”.
Ese segundo descubrimiento se da cuando unos niños que jugaban allí a la pelota encuentran un barril metálico derruido y, a pesar de que prácticamente se deshacía, se subieron sobre él y lograron ver lo que parecían restos humanos en alto grado de descomposición. Corren a contarles a sus padres, y estos hacen la denuncia al 911. Hasta el momento eran uno o dos barriles, pero después de las excavaciones se determina el hallazgo de cuatro.
El equipo del EAAF logra concluir que este descubrimiento tiene íntima ligazón con los otros ocho encontrados en 1976. “Todos esos militantes fueron secuestrados entre fines de julio y octubre de 1976, y todos habían pasado por el CCD Automotores Orletti. El EAAF identificó a los cuatro, incluso la noticia tuvo trascendencia mediática porque dos de ellos pertenecen a los diplomáticos cubanos”, remarca Román. Los diplomáticos cubanos que estuvieron secuestrados en Orletti son Jesús Cejas Arias y Crescencio Nicomedes Galañena Hernández.
Ernesto Gayá es hijo de Gustavo Gayá y sobrino de Ricardo Gayá y Ana María Pérez, que estaba embarazada al momento de su secuestro y esperaba dar a luz en septiembre de 1976. “Tenía 14 años cuando ocurrió todo y, a medida que fue pasando el tiempo, creció en importancia simbólica”, cuenta Ernesto. “Siempre intuimos el destino de la familia, ya que mi mamá había sido asesinada en el mismo momento de los operativos, entonces no teníamos expectativas de encontrarlos con vida. No obstante, el hallazgo fue muy movilizante para la familia. Todo esto no da por tierra mi compromiso colectivo: sigo militando para que todas las familias pasen por lo mismo, que puedan tener un lugar para llevar una flor y homenajearlos, pero también para que sirva como un blindaje para que los pibes y pibas de hoy entiendan que situaciones como las que vivimos en la actualidad, con toda la quita de derechos, la enfrentamos con la lucha colectiva: defendiendo esos derechos y conquistando nuevos. Hay que entender que estos hechos históricos que recordamos con el homenaje están intrínsecamente conectados al hoy”, agrega el integrante de la Comisión zona norte y de la agrupación H.I.J.O.S. Capital.
Una de las preguntas que surge es cómo es que una comitiva va en busca de restos humanos al canal de San Fernando en plena dictadura genocida. Ernesto tiene una teoría: “evidentemente hubo una descoordinación. Este caso tiene un desempeño físico en Capital Federal y una resolución en provincia de Buenos Aires. Dado que el aparato represivo de San Fernando no estaba en coordinación con la acción clandestina del grupo de tareas de Automotores Orletti, es que intervienen las autoridades por orden de un juzgado que no estaba alertado del acto clandestino de ocultamiento de los cuerpos, entonces esa descoordinación los obliga, una vez hecho público el incidente, a buscar la forma de volver a ocultarlos en el cementerio de San Fernando”.
Tanto Román como Ernesto remarcan que la recepción de la señalización del próximo 30 de mayo entre los vecinos de San Fernando es buena, incluso todos los 24 de marzo la comunidad realiza un acto por la memoria en el mismo canal, donde concurren a recordar la lucha y el compromiso de los 30.000.
“La memoria es colectiva y transgeneracional. Es difícil quitarle la esencia, pero depende mucho de cómo la reguemos, como una plantita a la cual hay que cuidar. Es un trabajo que depende de todos. Por un lado, nosotros dependemos del resto del pueblo, y el resto de los compañeros dependen de que nosotros no bajemos los brazos. Es esa retroalimentación la que nos da fortaleza. Yo no pondría esta señalización en términos de que finaliza una etapa, sino todo lo contrario: es un hito más en un camino colectivo que nunca termina y que sirve de motor. No es algo que se agota, sino algo que impulsa”, finaliza Ernesto. Mientras que Román concluye: “si bien hoy desde el Gobierno nacional se quiere instalar el negacionismo y promoverlo activamente, estas acciones son parte de generar sentido común, de reescribir la historia y reivindicar la lucha de todos esos compañeros. Que desde ahora haya oficialmente un sitio de memoria genera que algún joven que pase por ahí pueda tener alguna duda y así ser el primer paso para conocer lo que sucedió. Desde la Comisión por la Memoria zona norte lo vemos como un modo de presionar a las autoridades municipales y provinciales, para generar un debate, porque lo que no se nombra no existe. Durante años no se nombraron a estos compañeros, y hoy los estamos trayendo de vuelta con la señalización”.
El encuentro será el sábado 30 de mayo a las 12 horas en la esquina de Colón y Av. del Libertador Gral. San Martín, San Fernando. La Comisión por la memoria, verdad y justicia zona norte invita a la comunidad a ser protagonistas de un día histórico porque la memoria es una construcción continua y de todos.

















